Los grandes Imperios del Próximo Oriente

Tras la oleada de invasiones que sacudió esta área geográfica a fines del II milenio a.E.C., surgieron Estados fuertes, militaristas y conquistadores, que trataron de imponer su hegemonía. Por último, los persas consiguieron crear el primer imperio universal de la historia, que englobaba pueblos distintos, cuya identidad, cultura y religión fueron respetados, en un espacio políticamente unificado.

El Imperio asirio

El eclipse del imperio hitita permitió a un pueblo de la Alta Mesopotamia, los asirios, constituir un Estado fuerte que extendió su hegemonía desde el golfo Pérsico hasta el Mediterráneo. El Imperio Nuevo (883-612 a.E.C.) representó el apogeo del poder asirio, sustentado en una fuerza militar arrolladora, basada, sobre todo, en las armas de hierro y en el uso de carros. Sargón II (722-710 a.E.C) llevó el Imperio a su culminación. Entre sus sucesores cabe destacar a Asurbanipal (668-627 a.E.C.), que llegó a conquistar Egipto, y en cuyo palacio de Nínive reunió una gran biblioteca de tablillas, gracias a las cuales hemos podido conocer los pormenores de la civilización mesopotámica desde el clasicismo sumerio. El Estado asirio se mostró incapaz de crear un aparato productivo eficiente, basando su prosperidad y su fuerza en la rapiña y en las exacciones a los pueblos sometidos.

Estandarte de UrUn rey sumerio (arriba, izquierda) y sus súbditos (estandarte de Ur, h. 2400 a.E.C.)

El Imperio neobabilónico

Los pueblos dominados por Asiria se unieron para liberarse de aquella opresión, y lo lograron en 612 a.E.C., en que expugnaron la capital, Nínive. Babilonia, que había tenido un papel importante en la ruina del Imperio asirio, alcanzó en los años siguientes la cima de su esplendor y poderío. Situada en una encrucijada de rutas comerciales, su opulencia se hizo proverbial entre los pueblos de la Antigüedad. Tras ese período de esplendor, que tuvo su máximo representante en el rey Nabucodonosor II (604-562 a.E.C.), perdió su independencia.

La cautividad de Babilonia

Nabucodonosor II conquistó Jerusalén (586 a.E.C.) y deportó a Babilonia a gran parte del pueblo judío, que permaneció cautivo allí durante medio siglo. Tras la caída de Babilonia, el rey persa Ciro, consecuente con su política integradora, permitió a los hebreos regresar a su tierra. Durante la cautividad se compiló la Biblia, dándole su forma definitiva.

Ruinas en PersepolisRuinas del palacio de Darío I en Persépolis, en el que trabajaron artistas egipcios.

Formación del imperio persa

En la meseta del Irán, un pueblo de estirpe indoeuropea, los persas, creó un imperio que, desde el primer momento, manifestó su vocación expansionista e integradora de pueblos dispares. Tras la derrota del Imperio asirio, a la que contribuyó Persia, esta alcanzó su apogeo con Ciro II el Grande (m. 530 a.E.C.), fundador de la dinastía de los Aqueménidas. Llevó sus conquistas a Asia Menor, y en 538 a.E.C. se apoderó de Babilonia sin resistencia alguna, acogido por la oligarquía mercantil de esa ciudad, que se identificaba con el proyecto de un gran espacio estable y abierto a la circulación comercial.

ApanadaGuerreros persas dispuestos en procesión, relieve del palacio de Persépolis.

El primer "Mercado común"

El Imperio persa supuso la creación de un gran espacio en el que convivían pueblos de tradición mercantil, como los fenicios, y se cruzaban rutas de caravanas que aportaban toda clase de productos. Se construyeron calzadas que facilitaron las comunicaciones, y empezó a circular el dinero, esto es, monedas acuñadas, ya que hasta el momento los intercambios se hacían por trueque o mediante lingotes u otros medios de pago.

Expansión y ruina del Imperio persa

Los sucesores de Ciro prosiguieron la obra de ampliación de las fronteras del Imperio, en dirección a Asia Central, la India (incorporación del Penjab h. 510 a.E.C.) y el Mediterráneo. Cambises (530-522 a.E.C.) conquistó Egipto, y Darío I (522-486 a.E.C.) emprendió campañas en el sur de Rusia y se propuso la conquista de Europa. Aquí chocó con los griegos, que desafiaron el enorme podre aqueménida en las llamadas "guerras médicas" (los griegos llamaban medos a los persas), libradas entre 498 y 479 a.E.C. Tras la derrota frente a un pueblo con menos medios materiales y enzarzado en continuas guerras civiles, el Imperio entró en una dorada decadencia. Las tradiciones indoeuropeas sucumbieron al atractivo de los esplendores mesopotámicos, y Persia sucumbió al empuje de los griegos de Alejandro Magno en una campaña que terminó a su muerte (323 a.E.C.).

Expansion PersaEL IMPERIO PERSA EN SU MÁXIMA EXTENSIÓN (mediados siglo v a.E.C.)

Los Sátrapas

El Imperio persa se dividió en provincias o satrapías. Al frente de cada una se situaba un sátrapa, que gozaba de una notable autonomía, pero que venía obligado a enviar al emperador, que llevaba el significativo título de Gran Rey o Rey de Reyes, el producto de los impuestos. Sus actos, y los de todos los funcionarios, eran fiscalizados por un cuerpo de inspectores llamados "los ojos y los oídos del Rey".

DariusLas tumbas reales persas se excavaban en la roca, en lo alto de acantilados.

Al comienzo, la capital del Imperio persa radicó en Susa, pero Jerjes (486-464 a.E.C.) construyó una suntuosa y monumental ciudad, Persepolis, cuyas impresionantes ruinas todavía dan testimonio de su antiguo grandeza.