La Alta Edad Media Europea

Los reinos germánicos mantuvieron luchas entre ellos por la hegemonía, que al final impusieron los francos. Éstos dominaron el corazón de Europa e Italia y resucitaron la idea imperial romana. De este modo, el Occidente medieval se construyó sobre los dos pilares del pontificado y el Imperio, los poderes espiritual y temporal. La Iglesia se organizó según las pautas de las instituciones romanas (provincias, diócesis, etc.).

Los Carolingios

La dinastía franca así llamada tuvo su máximo exponente en Carlos, llamado Carlomagno, coronado emperador de Occidente el año 800. Sus territorios abarcaban lo que hoy es Francia, Alemania hasta el Elba e Italia, y en las regiones fronterizas estableció marcas para contener posibles invasiones.

TeodoricoMausoleo de Teodorico, rey de los ostrogodos (439-526), en Ravena.

Los carolingios se convirtieron en protectores de la Santa Sede y entregaron a los papas unos territorios en torno a Roma que fueron el germen de los Estados pontificios. Carlomagno murió en 814 y con sus descendientes el Imperio se disgregó, ya que los monarcas adoptaron la concepción patrimonial del poder, de origen germánico, y dividían sus Estados entre sus hijos, como si se tratara de una herencia. La idea imperial pervivió en Occidente, y la recogió una rama de los carolingios que reinaba en Alemania. La restauración la llevó a cabo Otón I de Sajonia, que se coronó en 962. nació así el Sacro Imperio Romano Germánico, llamado a pervivir durante siglos.

CarlomagnoRepresentación ideal, en una vidriera muy posterior, de la figura de Carlomagno

Otros pueblos invasores de esta época, que acabaron estableciéndose, fueron los eslavos, los húngaros y los fineses, estos dos últimos de origen asiático.

Las dificultades del Cristianismo

La penetración del cristianismo en el Imperio romano pasó al principio un tanto inadvertida, por considerársele una secta dentro del judaísmo. Sin embargo, a medida que cristianismo adquirió autonomía, tropezó con dos graves dificultades: no estar reconocido como "religión lícita", estatuto que sí poseía el judaísmo, y negarse sus fieles a sumarse al culto al emperador, una mera formalidad más cívica que religiosa, por considerarla idolatría. La negativa a reconocer el orden constituido y la circunstancia de que el fundador del cristianismo hubiera sido ejecutado, acusado de sedición, desencadenó varias persecuciones, más contra los dirigentes cristianos que contra los simples fieles, dada la gran tolerancia en materia religiosa que había en Roma, infestada por lo demás de cultos orientales.

El derecho germánico

A finales del siglo V, el soberano visigodo Eurico mandó compilar las leyes de su reino, cuya capital radicaba por entonces en Tolos (Toulouse). Este fue el origen del llamado Código de Eurico, que recogía el derecho consuetudinario germano, cuyos preceptos se habían transmitido oralmente hasta entonces. Su interés reside en que constituye una de las primeras regulaciones de las actividades comerciales y de intercambio. El Código influyó en la compilación realizada más tarde por los francos.

Asentamiento del Cristianismo

Con el tiempo, el cristianismo fue ganando adeptos, sobre todo por difusión de sus ideas igualitarias, y acabó convirtiéndose en un grupo de presión decisivo en la sociedad romana, si bien en Oriente tuvo desde el principio mucho más peso. Al comienzo, la Iglesia se debatió para fijar una doctrina común, ya que las herejías se multiplicaban y eran un fermento de agitación social. El emperador Constantino convocó el Concilio de Nicea (325), que delimitó lo que era o no era ortodoxo (elaboración del Credo).

La Iglesia

A la caída del Imperio, el único poder que subsistió en Roma fue el del pontífice. En siglo posteriores, la Iglesia conservó en sus monasterios los restos de la cultura clásica, cada vez más olvidad, y al evangelizar a los pueblos de la periferia europea, contribuyó a extender la civilización occidental. En una sociedad cada vez más rural e insegura, los monasterios se convirtieron no solo en reductos del saber, sino en potentes focos de actividad económica, capaces de dinamizar amplias regiones. En el Imperio de Oriente, en cambio, mantenían las estructuras económicas y sociales de la plenitud imperial, y el patriarca de Constantinopla rivalizaba en importancia con el pontífice romano, lo que acabó en una ruptura entre ambas iglesias, la latina y la griega.

Las nuevas invasiones: Los Vikingos

La disgregación del Imperio carolingio favoreció en los IX-X el desbordamiento de pueblos germánicos y asiáticos sobre Europa Occidental. Los escandinavos, llamados también normandos o vikingos, realizaban incursiones periódicas en amplias regiones. Así, los daneses llegaron a constituir un gran imperio en trono al mar del Norte ( siglo X, con Canuto o Knut el Grande), se establecieron en Francia (Normandía) y desde allí conquistaron Inglaterra (1066, Guillermo el Conquistador), imponiéndose a os reinos anglosajones.

HastingsDetalle de la batalla de Hastings (1066), en la que Guillermo el Conquistador venció al rey sajón Haroldo y se apoderó de Inglaterra (tapiz de Bayeux).

Otra rama normanda constituyó un reino en Sicilia. Los noruegos se extendieron a Islandia y Groenlandia, y los suecos se expandieron por Rusia, impulsando la creación del primer Estado ruso.